Sexta-feira, 27 de Novembro de 2009
Desandar, como quien evoca
 
las horas incontables de la ausencia,

el yo, desesperado en la sordera

de parajes oscuros,

de ignotas caminatas

a la orilla de lagos que abrían en sus huecos

la promesa silenciosa de una luz mortecina,

al menos para saber que allí

la esperanza latía en agonía.

El viento, viejo amigo,

rugía en el ocaso anunciando

los apocalipsis de mis horas vanas

y el mar era besado

por un cielo gris

que bajaba sediento hasta sus aguas.

La niebla me envolvía.

Mi rosario de penas

desgastó mis dedos moribundos

junto al poema póstumo

de tu despedida.


© Alberto Peyrano© 2006Buenos Aires, Argentina
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publicado por Do-verbo às 08:41
Registo de mim através de textos em verso e prosa.
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