Quinta-feira, 02 de Dezembro de 2010

 

 

Cuando los asesinos mataron al poeta,

el reloj señalaba la hora cero.

 

El poeta se muere siempre en la hora cero.

 

Cuando el tiempo queda yerto

y las palabras rechazan la melodía de la ternura

el poema es imposible.

 

Cuando el reloj señala la hora cero,

el poema es imposible.

 

Cuando el poema es imposible

ni paraíso ni infierno pueden existir.

 

Cuando el poema es impossible,

la sangre llora la nada.

 

La sangre del poeta asesinado lloró la nada

en mi corazón.

 

 

José-Augusto de Carvalho

Lisboa, 24 enero 2006.



publicado por Do-verbo às 18:26
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