Sexta-feira, 27 de Novembro de 2009
 
 
 
Cuando los asesinos mataron al poeta,
el reloj señalaba la hora cero.

El poeta se muere siempre en la hora cero.

Cuando el tiempo queda yerto
y las palabras rechazan la melodía de la ternura
el poema es imposible.

Cuando el reloj señala la hora cero,
el poema es imposible.

Cuando el poema es imposible
ni paraíso ni infierno pueden existir.

Cuando el poema es impossible,
la sangre llora la nada.

La sangre del poeta asesinado lloró la nada
en mi corazón.
 

José-Augusto de Carvalho
Lisboa, 24 enero 2006.
Migrando para este novo espaço.


publicado por Do-verbo às 04:05
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